
Patricia Casas, la exesposa del periodista y actual gerente de RTVC Hollman Morris, difundió un audio en el que denuncia que la revista Volcánicas republicó sin su autorización una entrevista que concedió hace más de siete años a una emisora nacional.
Su mensaje, directo y sin intermediarios, abre un debate urgente sobre los límites del periodismo de género y el consentimiento de las víctimas.
«Me he enterado que la revista Volcánicas ha utilizado sin mi consentimiento una entrevista que concedí hace más de 7 años«, dice Casas en el audio. Esa frase sola basta para entender la gravedad del asunto. No es una queja menor. Es una mujer que siente que su historia, su dolor y su voz fueron tomados sin preguntarle.
Una denuncia que cuestiona al periodismo feminista
Lo que hace el audio de Patricia Casas particularmente poderoso es que no viene de una voz adversaria al feminismo. Viene de alguien que vivió en carne propia una situación personal y que hoy señala que quienes dicen defenderla terminaron usándola.
«Lo único que hace la revista poniéndola de nuevo a circular es revictimizarme y creo que eso lo tienen supremamente claro y lo hacen de manera intencional«, afirma.
La revictimización mediática es un concepto que el propio periodismo feminista ha contribuido a construir. Significa exponer a una víctima a revivir su trauma públicamente, sin que ella lo haya pedido ni autorizado.
Que una publicación que se reivindica como feminista sea señalada de cometer exactamente eso es, cuando menos, una contradicción que merece debate.
Quizás la frase más dura del audio es esta: «En todos estos años, ningún movimiento feminista, ni las revistas Volcánicas ni nadie se ha manifestado de manera solidaria ni de manera fraternal hacia mi vida ni hacia la vida de mis hijos.»
Casas no pide protagonismo. Pide coherencia. Si durante años nadie del ecosistema feminista tocó su puerta para preguntar cómo estaba ella o cómo estaban sus hijos, la pregunta es válida: ¿por qué ahora sí aparece su caso, y además sin pedirle permiso?

El consentimiento como principio periodístico no negociable
En el periodismo de género existe un principio básico: el consentimiento informado de la fuente. Esto implica que una víctima tiene el derecho a decidir cuándo, cómo y dónde se usa su testimonio.
Una entrevista concedida hace siete años en un contexto determinado no es una licencia permanente para republicarla cada vez que un medio lo considere útil.
«Agradecería que mi caso particular no se utilizara de manera indiscriminada e irresponsable, en otras instancias, aún si son instancias judiciales, aún mucho más. Es demasiado grave para mí», señala Casas con una claridad que no deja margen de interpretación.
Casas habla también de sus hijos. Ese detalle no es menor. Cuando un medio decide republicar un caso de violencia doméstica, las personas afectadas no son solo las directamente involucradas. Son también los menores que crecen con esa historia circulando en redes y medios, que pueden encontrarla en cualquier momento.
«No entiendo por qué sí utilizan nuevamente unas grabaciones que me hacen mucho daño y que no representan ningún beneficio para mi vida en este momento ni para la salud mental ni emocional de mis hijos», dice en el audio. Una pregunta que Volcánicas tendrá que responder.
Oportunismo mediático disfrazado de activismo
La palabra que usa Patricia Casas para definir lo que hizo Volcánicas es «oportunista». Y esa palabra tiene peso. En un momento en que el nombre de Hollman Morris vuelve a estar en la esfera pública por su rol como gerente de RTVC, usar el testimonio de su exesposa sin pedirle permiso puede leerse como una estrategia de presión más que como un ejercicio de periodismo responsable.
«Este tipo de difusión a destiempo lo censuro. Me parecen actos irresponsables y oportunistas», afirma Casas. No acusa sin fundamento. Señala un patrón: el uso fraccionado y conveniente de una historia de vida que le pertenece a ella, no a ningún medio.
El audio de Patricia Casas no es solo una queja personal. Es un espejo. Le muestra al periodismo colombiano, y especialmente al periodismo que se dice defensor de las mujeres, que las buenas intenciones no justifican el daño. Que publicar el testimonio de una víctima sin su consentimiento, aunque sea para «visibilizar» un problema, puede reproducir exactamente la violencia que dice combatir.
Colombia necesita un debate serio sobre protocolos de consentimiento en el periodismo de género. Este caso puede ser el punto de partida, si los medios tienen la valentía de mirarse a sí mismos con el mismo rigor con que miran a los demás.



