
Una tormenta política se cierne sobre el Pacto Histórico, la coalición de gobierno, de cara a las elecciones de 2026. La reciente decisión unánime del Consejo Nacional Electoral (CNE) de negar la solicitud de fusión de cinco de sus partidos en una única personería jurídica ha encendido las alarmas, dejando en un limbo legal a la Colombia Humana, el partido del presidente Gustavo Petro, y amenazando con fragmentar la fuerza que los llevó al poder.
En medio de la incertidumbre, la precandidata presidencial Susana Mohamad en Blu Radio ha delineado la hoja de ruta que estará marcada en una batalla jurídica para revertir el fallo y una lucha interna para blindar el proyecto de intereses clientelistas y candidaturas cuestionadas.

La impugnación: El camino jurídico y político del pacto
Para la exministra de Ambiente, la decisión del CNE trasciende lo meramente procedimental; la califica como una afrenta a los derechos políticos fundamentales de un movimiento que se ha consolidado como una de las principales fuerzas mayoritarias del país. «Ya nosotros no somos pequeños partidos de izquierda, sino que tenemos una participación de mucho peso en la democracia colombiana», afirmó Mohamad, argumentando que negarles la fusión es desconocer la voluntad de millones de ciudadanos que se identifican con su proyecto unitario.
La estrategia inmediata es impugnar la decisión ante el mismo CNE. El objetivo es hacerle ver al tribunal electoral que no se trata de un simple trámite, sino de garantizar la representación política de lo que ella describe como un «río caudaloso».
El riesgo de no lograr la personería jurídica única es palpable, especialmente para las listas al Congreso. Mohamad advierte que ir divididos a las elecciones legislativas significaría «disminuir nuestro potencial electoral» en plazas clave como Bogotá, Valle del Cauca y Putumayo, donde hoy ostentan una representación superior al 15%.
Esta fragmentación no solo debilitaría su bancada, sino que también repercutiría en la campaña presidencial. Por ello, la postura es unánime y contundente dentro de la coalición: «Si no estamos todos, no hay Pacto Histórico».

Las batallas internas: clientelismo y la sombra de los ‘Manguitos’
Mientras la batalla legal se libra en los despachos, otra, quizás más compleja, se desarrolla en las entrañas del movimiento. Mohamad ha alertado sobre un peligroso fenómeno de infiltración por parte de maquinarias políticas tradicionales.
A través del «Frente Anticorrupción del Pacto Histórico», han recibido denuncias de cómo políticos tradicionales en regiones como Santander y Bolívar estarían introduciendo «fichas» en sus listas para la consulta interna. El objetivo de estos clanes, según la precandidata, es «ganar por punta y punta», asegurando curules tanto en sus partidos de origen como dentro del Pacto Histórico para luego «reproducir el sistema de chantaje político».
Este temor no es infundado. La memoria del infame caso de Jonatan Tamayo, conocido como ‘Manguito’, sigue fresca. En 2018, obtuvo una curul en el Senado por la lista de la Decencia y terminó «abrazado con Álvaro Uribe Vélez» y votando en contra del proyecto que lo eligió.
Para evitar que la historia se repita, Mohamad hace un llamado a los comités de ética y político del Pacto a ser «superminuciosos», revisando nombre por nombre los antecedentes de los más de 1.000 precandidatos inscritos.
La polémica con Quintero

La controversia más visible y espinosa dentro de la coalición tiene nombre propio, Daniel Quintero. La precandidatura del exalcalde de Medellín, quien enfrenta un escrito de acusación de la Fiscalía por presunta corrupción, ha generado una profunda división.
Susana Mohamad ha sido una de las voces más críticas, afirmando públicamente y en privado su desacuerdo con su participación. «Daniel Quintero no representa las banderas de la izquierda. No tenemos por qué cargar sus imputaciones por corrupción», sentenció.
Las críticas van más allá de los líos judiciales. Mohamad confirmó las denuncias hechas por Gustavo Bolívar sobre presuntas alianzas de Quintero con casas políticas tradicionales del Partido Conservador en Antioquia y del Partido de la U en el Valle, e incluso con figuras como Emilio Tapia en Córdoba.
Para los sectores más puristas del Pacto, estas alianzas son la antítesis de su proyecto político y representan una erosión desde adentro. La decisión de avalar o no la candidatura de Quintero se ha convertido en una prueba de fuego para el comité político, que deberá definir qué señal le enviará al país sobre su coherencia y su lucha contra las prácticas que dicen combatir.
El futuro del Pacto Histórico, por tanto, no solo depende de una decisión del CNE, sino de su capacidad para resolver las contradicciones que amenazan con devorarlo desde su interior.
Redacción Política Pluralidad Z.
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