
Paloma Valencia, candidata presidencial por el Centro Democrático, volvió a meter a Álvaro Uribe Vélez en el debate electoral, durante un recorrido por Antioquia, propuso nombrarlo ministro de Defensa. «Yo le tengo una misión a Antioquia. Yo tengo visto un ministro, yo necesito que los antioqueños me lo convenzan. Yo quiero al presidente Uribe repitiendo la seguridad democrática», aseguró la senadora.
La declaración no pasó desapercibida, y tampoco fue bien recibida por su propio compañero de fórmula vicepresidencial Juan Daniel Oviedo.

La propuesta de Paloma Valencia que incomodó a Oviedo
Durante este fin de semana en el un acto de campaña en Santa Rosa de Osos, Antioquia, Paloma aseguró, «Yo quiero al presidente Uribe defendiendo la seguridad democrática», dijo. Minutos después durante su intervención, Gabriel Vallejo, director del Centro Democrático, apuntó a que Uribe manejase la cartera de Defensa.
En entrevista con Blu Radio, Oviedo fue directo: «No, me parece que no es el mensaje y se lo dije a ella; pero hay que respetarla, sabemos que somos distintos y yo no la voy a cambiar». Oviedo también aclaró que sus propuestas reales están en el programa de gobierno, y que ahí es donde coincide con Valencia, no necesariamente en los mensajes de campaña.
A su vez, planteó que las palabras de Paloma Valencia podían ser parte de su estrategia política: «También hay que entender una cosa, y es que estamos en campaña política. Y hay estrategias y mensajes que se dan desde el punto de vista estratégico», afirmó Oviedo.
Juan Daniel Oviedo no tardó en separarse de esa postura. «Desde 2006 hasta hoy pasó una generación. Sufrimos una pandemia. Vivimos un estallido. Y en 2022, un grito de cambio: elegir justicia, con quien fuera. Petro o Rodolfo. Entender cómo llegamos hasta acá es clave para responder a la realidad del país hoy», escribió en su cuenta de X.
El exdirector del DANE ha sido explícito en señalar que las «líneas rojas» que él mismo planteó al día siguiente de las elecciones del 8 de marzo, cuando quedó de segundo en la Gran Consulta por Colombia, quedaron atrás cuando decidieron ir juntos.

Una coalición con más fisuras que síntesis Esta no es la primera vez que la dupla muestra sus costuras.
Ya han diferido en la implementación del Acuerdo de Paz, en la postura frente al conflicto entre Israel y Hamás, y en la adopción igualitaria. Cada vez que alguno de los dos habla, el otro termina matizando. Los intentos de mostrarse como una fórmula que «suma» chocan con declaraciones que evidencian que construyeron una alianza electoral, no una visión compartida de país.
Uribe no llega a esta conversación como el expresidente de siempre, llega con una condena penal encima, dictada en 2025, que lo convierte en una figura con restricciones legales concretas y con una historia judicial que hace de esa cartera en particular la elección más irónica posible.
Lo que Valencia no calculó es que Uribe llega a esta campaña con una condena encima.

En 2025, Álvaro Uribe Vélez fue declarado penalmente responsable en Colombia por los delitos de fraude procesal y soborno a testigos, cargos que se derivaron de la investigación que la Corte Suprema de Justicia le abrió y que él mismo intentó frenar mediante una tutela que terminó generando el escándalo judicial. La condena cerró un ciclo largo de procesos y lo situó en una posición sin precedentes para un expresidente colombiano.
Además, Uribe fue investigado de manera directa por el escándalo de los falsos positivos, crimen de Estado en el que miembros del Ejército Nacional asesinaron a civiles y los presentaron como guerrilleros muertos en combate para inflar estadísticas durante su gobierno, entre 2002 y 2010.
La Jurisdicción Especial para la Paz documentó más de 6.400 víctimas de ejecuciones extrajudiciales atribuidas a ese período, según cifras oficiales de la JEP. Uribe nunca fue condenado por ese caso, pero su nombre está cosido a esa tragedia en la memoria colectiva del país.



