
A pesar de la convocatoria masiva e insistente del Centro Democrático, las marchas en apoyo al expresidente Álvaro Uribe Vélez registraron una baja asistencia en varias ciudades, exhibiendo una movilización menos contundente de lo esperado.
Si bien hubo manifestaciones en más de 25 ciudades, la convocatoria no alcanzó el volumen esperado por la derecha colombiana. ¿Preocupación para el Centro Democrático en las elecciones de 2026?

Marcha agridulce para el uribismo
El Centro Democrático impulsó durante varios días una marcha nacional bajo el lema ‘Marcha por la libertad y la democracia’, tras la condena de Uribe a 12 años de prisión domiciliaria por fraude procesal y soborno en actuación penal.
Seleccionaron estratégicamente el 7 de agosto —día de la Batalla de Boyacá— para lanzar el mensaje simbólico de «libertad y democracia».
Medellín, donde participó Jerónimo Uribe y Bogotá lograron atraer más participantes, concentrándose en avenidas centrales y parques emblemáticos.
Ciudades como Barranquilla y Manizales la asistencia fue perceptiblemente menor. En Barranquilla, solo unas decenas se reunieron en el Parque Washington, donde se escucharon frases como ‘Uribe inocente’ y contó con la presencia de los senadores Carlos Meisel y Mauricio Gómez.
En Cali, la asistencia fue menor y además, se presentó un enfrentamiento entre simpatizantes uribistas y un grupo con pancartas críticas.
Por otro lado, en ciudades como Armenia y Pereira, la lluvia frenó la marcha; solo unas pocas personas se congregaron, a pesar de la masiva convocatoria.
Las marchas se replicaron en más de 20 ciudades colombianas, además de convocatorias en Estados Unidos, (especialmente en Miami, donde Tomas Uribe participó) y Europa.

Un tenso panorama
Días pasados, surgieron denuncias sobre supuestas presiones laborales para asistir a las marchas.
El Ministerio de Trabajo reaccionó con contundencia: dejó claro que la participación debe ser voluntaria y anunció inspecciones inmediatas en empresas señaladas. También instó a los trabajadores a denunciar cualquier intento de coerción.
La tormenta política que desató la condena a Uribe −12 años de arresto domiciliario por fraude procesal y soborno en actuación penal− ha sido interpretado como un punto de inflexión en la política colombiana.
Desde su defensa presentaron una acción de tutela para evitar la detención inmediata, alegando vulneración de derechos fundamentales como el debido proceso.
Mientras tanto, en las marchas proliferaron consignas como «Uribe inocente» y discursos que apuntan a una supuesta persecución política, en un impulso claro hacia las elecciones de 2026.
Al cierre de la jornada, el expresidente Uribe publicó un video en X, agradeciendo las demostraciones de apoyo: «Siento que mi corazón es pequeño… Necesito uno más grande para expresar la infinita gratitud por su solidaridad«, dijo, sin mencionar las críticas sobre la baja convocatoria.
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