
A seis meses del cierre del gobierno, Gustavo Petro toma una decisión difícil de justificar: entregar la cartera de Justicia a una figura que ha sido crítica abierta y reiterada de su proyecto político. No se trata de un gesto de amplitud democrática ni de una apuesta técnica. Es una concesión que revive errores del primer tramo del mandato, cuando ceder ministerios terminó fortaleciendo a la oposición desde dentro del propio gobierno.
La pregunta no es menor: ¿por qué, cuando el tiempo se agota, el presidente decide poner una de las carteras más estratégicas en manos de alguien que no cree en la agenda que debería ejecutar?
Un opositor claro, no un funcionario neutral
El ministro Cuervo no es una figura ambigua ni políticamente neutra. Su trayectoria reciente lo muestra como un opositor definido del Gobierno Petro, algo que él mismo ha expresado sin rodeos en sus intervenciones públicas, especialmente en la red social X. Sus pronunciamientos no han sido matizados ni técnicos, sino políticos, ideológicos y persistentes.
No estamos ante diferencias puntuales o debates razonables dentro de un mismo proyecto. Estamos ante una posición política sostenida que ha cuestionado de fondo las decisiones centrales del gobierno.
Críticas a decisiones estructurales del Gobierno Petro
Uno de los puntos más claros de esa oposición ha sido su postura frente al decreto de emergencia económica, una herramienta clave que el Gobierno planteó para sostener el costo de sus reformas estructurales. Cuervo no solo fue crítico del decreto, sino que se alineó con el discurso opositor que buscó deslegitimarlo.
Ese decreto terminó sufriendo un fuerte reversazo presupuestal en el Congreso, debilitando aún más la capacidad del Ejecutivo para avanzar en su agenda. En ese contexto, las críticas de Cuervo no fueron inocuas: contribuyeron a erosionar una de las apuestas centrales del gobierno.
Esto deja algo claro: Cuervo no discrepa desde dentro del proyecto. Cuervo se ha posicionado en contra de decisiones estructurales del mismo.
Seis meses no son tiempo para experimentos
El Gobierno Petro entra en su recta final. Solo quedan seis meses, un periodo crítico en el que no hay margen para improvisaciones, aprendizajes ni equilibrios políticos forzados. Mucho menos en una cartera como Justicia, que hoy es absolutamente estratégica.
Desde allí se juegan temas clave como el sometimiento de bandas criminales, la lucha contra la extorsión —especialmente la que se ordena desde las cárceles— y el control de capos del narcotráfico que siguen operando desde prisión.
Poner a un opositor al frente de ese ministerio no es pluralismo. Es bloquear la acción del Estado desde dentro en uno de los frentes más sensibles del país.
Una decisión que desconcierta incluso a los propios electores
No es claro qué gana Gustavo Petro con este nombramiento. De hecho, sus propios electores llevan meses criticándole haber cedido carteras a sectores que no solo no defendieron el proyecto de gobierno, sino que terminaron haciéndole oposición desde el mismo Ejecutivo.
El caso de Alejandro Gaviria en el Ministerio de Educación es un antecedente difícil de ignorar. Lejos de fortalecer la agenda del gobierno, esa decisión generó tensiones internas, bloqueos y una narrativa de fractura que terminó beneficiando a la oposición.
Repetir ese error cuando ya no queda tiempo no es ingenuidad política. Es irresponsabilidad.
Justicia en manos de quien no cree en la política de Justicia
Entregar la cartera de Justicia a una persona que no comparte la política criminal del Gobierno Petro es una contradicción de fondo. Implica, en la práctica, frenar procesos clave, debilitar la lucha contra la extorsión y enviar un mensaje de ambigüedad al crimen organizado.
No es solo una mala señal hacia adentro del gobierno. Es un mensaje peligroso hacia afuera: que incluso en su tramo final, el Ejecutivo no tiene claridad ni cohesión en uno de los ejes más delicados de su agenda.
El problema no es Cuervo, es la decisión
El problema no es Cuervo como persona. El problema es político. Nombrar a un opositor en el Ministerio de Justicia cuando solo quedan seis meses de gobierno es abrirle la puerta a más frenos en una cartera que hoy debería estar en modo ejecución. A seis meses del cierre, los errores pesan el doble y las concesiones se pagan caro.
Justicia no es cualquier ministerio: ahí se juega si se enfrenta la extorsión desde las cárceles y si avanzan los procesos contra bandas criminales. Poner a alguien que no cree en esa agenda debilita el rumbo.
Y aquí viene lo más grave: es poco creíble que Gustavo Petro quiera cometer los mismos errores de los que se ha arrepentido: nombrar personas ajenas a su plan e ideario de Gobierno. Eso sugiere que Cuervo pudo haber sido sugerido por cercanos al Presidente, más que ser una decisión coherente con el proyecto político.
Redacción Política Pluralidad Z.
