
El ministro del Interior, Armando Benedetti ha intervenido de forma contundente en la creciente tensión diplomática entre Colombia y Perú, lanzando una severa advertencia y señalando a un responsable histórico de las pérdidas territoriales del país. A través de un mensaje en sus redes sociales, Benedetti reaccionó a las declaraciones de la presidenta peruana, Dina Boluarte, quien afirmó que «no hay nada que tratar» con Colombia sobre la soberanía de la isla Santa Rosa.
«Lo había anticipado cuando dije ‘esto se va a poner feo’«, afirmó Benedetti, para luego expresar su escepticismo sobre la voluntad peruana de acudir a instancias de diálogo como la comisión binacional COMPERIF o el Tribunal de La Haya. Sin embargo, el centro de su mensaje fue una crítica directa y un llamado de alerta dirigido al interior de Colombia.

Una advertencia basada en pérdidas históricas
La parte más vehemente del pronunciamiento de Benedetti se enfocó en evocar un doloroso recuento de pérdidas de soberanía que, según él, fueron responsabilidad de la élite del país. Con un tono tajante, manifestó: «Espero que la opinión ladina de la clase alta de Bogotá, la que perdió el mar, la que casi pierde a San Andrés, la que perdió a Panamá, el territorio hasta Playa Mosquitia, el occidente de Venezuela, NO VUELVA A REGALAR MÁS TERRITORIO COLOMBIANO«.
Con esta declaración, Benedetti vincula directamente el actual conflicto en el Amazonas con episodios como la separación de Panamá y otros diferendos limítrofes.
Al hacerlo, sitúa la disputa por la isla Santa Rosa no como un hecho aislado, sino como un posible nuevo capítulo en una larga historia de cesiones, atribuyendo la responsabilidad a un sector específico de la sociedad colombiana.
El contexto de una soberanía en disputa
Las palabras de Benedetti llegan en el momento más álgido de un conflicto que se originó cuando el Congreso peruano creó el distrito de Santa Rosa de Loreto, anexando un territorio insular que Colombia no reconoce como peruano bajo el Protocolo de Río de Janeiro de 1934.
La situación llevó al presidente Gustavo Petro a acusar a Perú de «copar territorio colombiano» el pasado 5 de agosto, y a reafirmar la soberanía trasladando la conmemoración de la Batalla de Boyacá a Leticia.
Mientras el uribismo se dispuso el 07 de agosto de 2025 ha marchar por el expresidente Uribe, el presidente Petro estuvo en Leticia defendiendo junto a las fuerzas militares la soberanía colombiana.
La preocupación de Colombia se fundamenta en el valor estratégico de la zona. Cambios en el cauce del río Amazonas amenazan el acceso de Leticia a la principal vía fluvial, lo que impactaría gravemente su condición de puerto y su economía.
En este escenario, la intervención de Benedetti añade una nueva capa de presión, no ya desde la diplomacia, sino desde la memoria histórica y la política interna, en un momento en que la defensa de la soberanía en la frontera amazónica se ha convertido en una prioridad para el gobierno colombiano.
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