“Neochavimo” el neologismo desesperado | Pluralistas

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El neologismo es la introducción de palabras nuevas a un idioma ya constituido. Son lo que diferencia a los países entre sí, a pesar de tener el mismo idioma, y se encarga de enriquecer la realidad cultural  de las sociedades.

Hasta ahí, el neologismo suena como una herramienta creativa del lenguaje, además de ser algo inocente que se va dando ha medida que un entorno social evoluciona. Pero como en Colombia en algunos casos la creatividad se combina con la maldad, hicieron del lenguaje un arma poderosa que muchas veces significó ganar en las contiendas electorales, sin importar que ese discurso haya sido pululado desde el odio y la mentira. En ese sentido, el neologismo aquí no enriquece a la cultura y tampoco es evidencia de una evolución social; es más bien un arma dirigida a la gente de a pie para que sucumban al miedo de algo que no existe ni en los libros de historia ni en los de filosofía.

Autor: Santiago Triana

En particular, empezaron el ataque con otra nueva palabra, una que según ellos define a los sectores de oposición como los culpables de todo. Dicha palabra es «neochavista«.

Comenzaron a llamar así a todos los que alzaron la voz frente a la elección fraudulenta de Duque, también llaman así a todos los que escuchan las verdades dichas en la serie Matarife y en general llaman de esta manera a todo el que desea la paz oponiéndose a ellos. El «Neochavismo» es una etiqueta cuya existencia es dudosa y creada como una forma defensiva ante la oleada de hechos sacados a la luz últimamente.

Esta pobre invención representa una maniobra ancestral y rastreable en la política tradicional, que consiste en inventar a un enemigo imaginario, que más parece sacado de una obra de ficción, para recuperar algo de vigencia en la escena nacional porque la mayoría de su reputación ha sido incinerada.

Al parecer, inventan palabritas despectivas cada vez que se encuentran arrinconados por la poca credibilidad y aprobación que sostienen. La desesperación los lleva a repetir compulsivamente palabras que ni siquiera hieren por lo absurdas que son y que solo alimentan un largo historial de discursos baratos con poco argumento.

Es que si nos pusiéramos a analizar el dichoso vocablo desde sus raíces, llegaríamos a un callejón sin salida,  pero nada se pierde con intentarlo. La palabra se compone del prefijo neo que significa nuevo o novedoso, todo lo contrario a quienes nos gobiernan con ideas del siglo XIX. Por otro lado, también se compone del sufijo chavismo, que hace referencia a las ideas de alguien que no es de este país pero que por alguna extraña razón siempre lo andan vigilando, como si les aterrara la existencia o como si creyeran que revisando los problemas de otros países se resolverían los nuestros al instante.

Continuando el análisis, el tan polarizador chavismo ni siquiera es una corriente política, filosófica o económica real; ningún académico se ha dado a la tarea de revelar su autoría o de demostrar su existencia teórica.

Lo que significa que esa palabra y miles más, son el reflejo de su débil propuesta de campaña que es solamente mostrar hasta el cansancio los problemas del país vecino. En pocas palabras, nada más nos demuestran cada día la magnitud de lo asustados que están y que el cuartico de hora que tuvieron, se apaga a un ritmo lento pero avasallador. Las toneladas de tutelas y demandas que pierden, sumado a la indignación colectiva de un fraude electoral sin escalas antes vistas, son las que van a acabar con sus ideas falsas con las que han gobernado.

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