Nuevo gobierno, nuevo pensamiento

Un nuevo gobierno
Un nuevo gobierno.

Entre una melancolía de centenares que lloraban el domingo por una esperanza intacta que se venía persiguiendo desde hacía décadas, llenó de ilusión a una generación de jóvenes que sin saberlo sería la más enardecida en los temas de su nación.

Escrito por: Santiago Triana.

Un momento emotivo cuando la madre de Dylan Cruz se subió al escenario junto a Petro
Un momento emotivo cuando la madre de Dylan Cruz se subió al escenario junto a Petro.

Quienes se abrazaban sabían que por fin la voz de los silenciados podría ser escuchada, y que las tierras robadas pasarían a sus dueños ancestrales y legítimos. Tal vez un triunfo inesperado, porque muchos, incluyéndome, teníamos la esperanza hecha pedazos; porque como reza el decir popular: un gobierno es el reflejo de su pueblo y tambaleando muchos cuestionábamos cómo sería posible que una persona que se deleita con que los pobres sigan siendo pobres o que denigre sin pudor a la mujer, pudiera ser presidente de Colombia. Pero al final, las masas colombianas caracterizadas por su genialidad otorgada por muchos años de lucha, supo de una vez por todas que el inicio de la ruptura de las cadenas ha iniciado y aquí propongo los tres cambios que llegaron.

Primero: las urnas hablaron, se comprendió que las formas de lucha son diversas y que no es exclusiva la protesta y el estallido social. Entendimos que remarcar con rabia y memoria histórica sobre un tarjetón hecho por la Registraduría, es también una forma de gritar. Masivamente se acumuló la gente sobre los cubículos para desistir de años malogrados de gobiernos insensibles, y que, al igual que gritar arengas de ilusión, los bolígrafos negros también clamaron por un cambio.

Segundo: sin saberlo, hemos entrado al verdadero siglo XXI, sí, tras veintidós años desde que llegó el año 2000, apenas comprendimos lo que ello representa, un flujo histórico que sacude la conciencia para transformarla.

El garrote que trajo consigo, creó un cambio de pensamiento irreversible. Los valores tradicionales que enmarcaban nuestra sociedad dejaron de ser primordiales y pasaron a ser una línea de moralidad personal. La distribución de las tareas del hogar, la igualdad entre hombres y mujeres y la mirada hacia la sexualidad ahora son valores humanos sujetos a dignidad y respeto. Todo aquello considerado como anormal, antinatura o impuro, se reivindica ahora con justicia.

Tercero: finalmente, uno de los hitos históricos que trae el cambio de gobierno es sin duda la muerte fulminante del uribismo. Dicha sombra que estranguló a Colombia por años ahora está siendo enterrada, pues, le decimos uribismo no solo a una persona, sino a todo un sistema de creencias y valores feudales que se caracteriza por romantizar la violencia y codiciar la explotación.

El cambio propuesto, demuestra que toda la estructura de pensamiento obsoleto y anticuado eventualmente debe ser derrocado para dar paso a las generaciones que se harán cargo de las riendas de una nación. Se le puso freno a aquellos que mantenían su pensamiento detrás de argumentos que hoy consideramos absurdos y fuera de contexto.

Sin duda, todos los jóvenes que alguna vez miramos al cielo con los ojos heridos por los gases lacrimógenos, ese día volvimos a mirar al cielo con lágrimas de felicidad, ya que, tanto tiempo de gritos y protestas dieron por fin el fruto más agradecido que se pueda tener, el del cambio. Un cambio que también nos exigirá ser los más críticos y cautelosos porque el perdón insípido ya no existe en nuestro vocabulario. Los errores que reclamamos a gobiernos anteriores, también los reclamaremos de presentarse en este.