
En un escenario marcado por la incertidumbre y las crecientes disputas comerciales, la economía estadounidense dio señales de recalentamiento. La Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés) reveló este martes que la inflación interanual se situó en 2,7% durante el mes de junio, una cifra que representa una aceleración considerable frente al 2,4% registrado en mayo.
El principal motor de este incremento fue un notable repunte en los precios de la gasolina, un factor que impacta directamente el bolsillo de los consumidores. El dato superó las expectativas de los economistas, quienes habían anticipado un alza más moderada del 2,6%. A nivel mensual, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) avanzó un 0,3%, duplicando el ritmo del 0,1% observado el mes anterior y coincidiendo en esta ocasión con las previsiones del mercado.

Inflación subyacente, el indicador clave que no cede
Al analizar la inflación subyacente o «núcleo», que excluye los componentes más volátiles como los alimentos y la energía, la presión sobre los precios se mantiene firme. Este indicador, considerado un termómetro más fiel de las tendencias a largo plazo, se ubicó en un 2,9% interanual, ligeramente por encima del 2,8% de mayo.
Aunque el aumento mensual del 0,2% en este renglón fue una décima menor a lo esperado por los analistas, evidencia que los costos en sectores clave como la vivienda y los servicios (seguros y atención médica) continúan siendo una fuerza inflacionaria persistente.
La vivienda, en particular, sigue siendo el principal contribuyente al alza de precios, con un incremento anual del 3,8%, a pesar de una leve moderación en su ritmo mensual.
Las tensiones comerciales de Trump entran en la ecuación
Este informe económico no puede leerse de forma aislada. Llega en un momento de máxima tensión comercial, con la administración del presidente Donald Trump anunciando aranceles que van del 20% al 50% a más de veinte naciones.
Socios comerciales tan importantes como Canadá (35%), México y la Unión Europea (30%) se encuentran en el centro de esta política proteccionista.
La UE, por su parte, busca negociar a contrarreloj mientras evalúa posibles medidas de represalia.
Esta «guerra arancelaria» está comenzando a generar dudas sobre su impacto final en los precios al consumidor y complica las proyecciones económicas. Aunque la inflación de junio se considera moderada, existen indicios de que los aranceles podrían empezar a trasladarse a los consumidores finales.
El dilema de la Reserva Federal
La escalada inflacionaria y la incertidumbre comercial colocan a la Reserva Federal (FED) en una posición compleja. Los mercados, que antes daban por hecho un recorte en las tasas de interés, ahora ven un panorama más confuso.
La expectativa es que el banco central estadounidense mantenga las tasas sin cambios en su próxima reunión, programada para dentro de dos semanas, a la espera de mayor claridad sobre las consecuencias de los aranceles.
Tras la publicación del informe de precios, la probabilidad de un recorte de tasas en la reunión de septiembre disminuyó, situándose ligeramente por debajo del 60%. La Fed se enfrenta al reto de equilibrar su mandato de controlar la inflación sin frenar el crecimiento económico, una tarea que se vuelve cada vez más difícil en el actual contexto global.
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