
Una aparente oferta laboral para cuidar cultivos de limón en México terminó siendo la puerta de entrada a una de las experiencias más peligrosas de su vida. Orlando Paniagua (nombre modificado por seguridad), un exsargento colombiano con 24 años de servicio militar, fue reclutado por narcos luego de ser engañado con promesas de trabajo legal y un salario atractivo que superaba ampliamente su pensión en Colombia.
Convencido de que obtendría estabilidad económica en el extranjero, viajó a Michoacán confiando en quienes lo contactaron. Sin embargo, apenas llegó fue recibido por personas armadas, le asignaron un alias y le entregaron un rifle de alto calibre. Allí entendió que no había llegado a una finca agrícola, sino al corazón de una estructura criminal que controlaba territorios y vidas.

Engañado y reclutado por narcos
Todo comenzó cuando un antiguo compañero del Ejército le habló de una oportunidad en México. A través de un contacto apodado “Veracruz”, le ofrecieron cubrir el costo del viaje y un contrato que parecía legítimo.
Paniagua prefirió no deber favores y pagó su pasaje desde Colombia, sin imaginar lo que le esperaba al otro lado.
En la vivienda donde fue alojado encontró camas abandonadas, compañeros ocultos y un ambiente inquietante. A los pocos días, le asignaron una Barrett .50, una de las armas más potentes de uso militar.
Pronto descubrió que su rol no era cuidar cultivos, sino patrullar zonas controladas por el cartel, vigilando propiedades, ejecutando rondas armadas y acatando órdenes sin explicación.
«Cuando me pusieron un alias y me entregaron un arma, supe que esto no era lo que prometieron«, relató. Su contrato, que incluía seis meses de trabajo con vacaciones pagas, era una fachada. Se convirtió en uno más entre los muchos colombianos captados por redes delictivas.
De promesa laboral a huida desesperada
Después de intentar escapar y ser delatado por el taxista que lo llevó, comenzó a ser vigilado las 24 horas del día. Aprovechando un descuido, se internó entre limonares y emprendió una fuga silenciosa.
Caminó de noche, se escondió de día y sobrevivió con agua y limones durante más de una semana. Sabía que lo buscaban con drones, por eso apenas encendía su celular por segundos para pedir ayuda.
Gracias a una ONG mexicana, y sin involucrar a las autoridades locales por miedo a filtraciones, logró ser rescatado y salir del país. Ya en Colombia, no recibió ningún apoyo institucional. Por eso pidió asilo en Europa, donde hoy intenta rehacer su vida.
“No todos tienen la suerte de salir. La mayoría se queda allá, vivos o no. Eso no fue un trabajo… fue una trampa”, concluyó.
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