Jugar el Juego | Opinión

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Jugar el juego
Mateo Mora

Autor: Mateo Mora

“El que juega al juego de tronos gana o muere, no existe el término medio”. Sí, es una de las frases más escuchadas por los personajes de la serie de HBO, Game of Thrones; ahora, a pocos meses del estreno de su última temporada, (abril específicamente), sus fans la esperan con la sorpresa de lo que vaya a pasar sobre la pregunta de quien se sentará en el Trono de Hierro.

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América Latina, a pesar de tener estados democráticos, es decir, nadie se sienta en un “Trono de Hierro”, no deja de lado ese totalitarismo espantoso que acecha el continente.

Maduro contra la pared o los cambios bruscos de izquierda a derecha, o viceversa, en las votaciones presidenciales, no dejan de crear opiniones en choque sobre las formas de hacer política en nuestros tiempos; y es que las formas del liberalismo se encuentran en crisis: ni la derecha, ni la izquierda; ahora, lamentablemente, son pequeñas dictaduras por breves momentos.

Con el atentado del jueves pasado en la Escuela de Cadetes General Santander no deja de haber opiniones en choque:

  • ¿Cómo se averiguó tan rápido la verdad después del suceso?
  • ¿Cómo un ex militante del ELN se inmoló con todos los papeles en orden del SOAT?
  • ¿Será que en realidad las puertas de la Escuela estaban abiertas de par en par ante su llegada?

Estas preguntas son las que se hacen muchos colombianos en medio de las lágrimas, flores y marchas por la paz de los últimos días. La conclusión es la misma: la historia se repite.

A lo largo de los años se ha demostrado que la historia termina siendo cíclica: carros bomba, secuestros, guerra, marchas por la paz, falsos positivos; en fin, una escaramuza de la cual los colombianos estamos hartos.

Estamos cansados de la guerra política que ha azotado nuestro país desde el principio y con las marchas de ayer se demuestra de nuevo.

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El episodio violento en la ciudad de Medellín en medio de las marchas no deja de entrever un país polarizado que no deja el pasado atrás. Pareciera, con los cuatros años de gobierno de diferentes mandatarios, como si el país continuara en el mismo rumbo: jugando con el pasado y con la vida de los inocentes, como si ganar o morir fuera la clave de ese juego terrible y caótico llamado política.

Para ello es necesario construir una sociedad ligada a principios de vida, que rompa con las bases morales de los tiempos pasados y que establezca, como lo viene haciendo desde los últimos años, una nueva esperanza para el presente y futuro: quitando muertos, culpas y divisiones, construyendo paz, tolerancia y diálogo; es la mejor manera de jugar el juego.

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